Cuando me enamoré en un open break
Cheleando con los compañeros de baile, hablábamos sobre cómo los hombres pueden lograr que las mujeres se enamoren bailando.
A mí se me ocurrió decir que yo me “enamoré” cuando uno de nuestros compañeros hizo un paso que en salsa se llama open break.
A nadie le interesó saber cómo o por qué me había “enamorado”; sólo insistían en saber de quién me había “enamorado”. Por supuesto que no lo revelé. Hasta ahora nadie lo sabe y nadie lo sabrá nunca.
Yo creía que me había “enamorado” porque el sujeto en cuestión era guapo y además yo apenas estaba aprendiendo a bailar. Tal vez ese paso nuevo había sido demasiado impactante para mí.
Pero ahora creo que se trata de otra cosa porque me volvió a suceder recientemente a pesar de que ya llevo más de 1 año bailando, el susodicho es atractivo pero para nada mi tipo, y ni siquiera habíamos empezado a bailar; sólo me estaba sosteniendo las manos.
Si el factor determinante fuera qué tan guapo me parece el hombre con el que estoy bailando, ya me habría “enamorado” de varios más, pero no.
Y ni siquiera es que me enamore de verdad, ni que desee sexualmente al tipo, ni nada de eso, sino que en ese momento preciso siento un tipo de energía difícil de explicar que activa algo en mí.
Porque sí, el baile es algo muy energético aunque suene a jalada new age (los que me conocen saben que yo creo prácticamente en nada). De verdad se siente cuando un hombre está nervioso o inseguro, o cuando se cree lo máximo aunque ni baile tan chido.
Algo que me fascina del baile es que puedes repetir exactamente la misma secuencia de pasos con varias personas, bailando la misma canción, en el mismo día, prácticamente bajo las mismas condiciones, y con ninguna persona se siente lo mismo.
Lo que yo creo que pasó con estos dos sujetos es que me hicieron sentir protegida. Su expresión corporal me decía: “confía en mí, sé lo que estoy haciendo, yo te cuido, tú sólo déjate llevar”. El primero en específico me tomó con fuerza, pero también con delicadeza. El segundo me guiñó el ojo y sonrió con mucha seguridad.
Otra cosa que influye en mi caso es que yo soy una mujer muy masculina, competitiva y dominante (no en todos los aspectos). De hecho nunca he tenido problemas de ritmo o coordinación, sino que lo que más me cuesta del baile es dejarme guiar por otra persona porque yo quiero mantener el control, y eso es justamente lo que he tenido que corregir en clases.
Entonces en la rara ocasión en que llega un hombre con más fuerza que yo (y no me refiero a fuerza física), siento que por fin puedo soltarme y confiar. Ocurre una de esas vainas biológicas y neurológicas extrañas.
Y bueno, también están mis daddy issues, pero por ahora no analizaré eso.
Me da mucha vergüenza todo esto porque suena a novela romántica chafa, a conspiración salida de la manosfera, a que mi sueño es ser la esposa trofeo, pero es real, y no puedo negarlo sólo porque no parece algo que diría una mujer con mis ideas “feminazis”.