Desafortunadamente nací un 10 de mayo, el Día de la Madre en México.
Mi mamá empezó con el trabajo de parto el 9 de mayo, pero supongo que de alguna manera ya sabía que mi vida sería sufrimiento, por lo que me resistí lo más que pude en desalojar la comodidad y seguridad del útero. Fui necia desde antes de nacer. Según los relatos, el doctor que atendía a mi mamá tenía un hijo que estaba estudiando medicina. Mi mamá sentía que todavía aguantaba unas horas más, pero alrededor de las 3 y media de la tarde de un fatídico 10 de mayo y en contra de mi voluntad, me sacaron con violencia de mi preciado refugio a través de una cesárea. Hasta la fecha mi mamá cree que le metieron cuchillo solo porque el doctor quería enseñarle a su hijo cómo hacer el procedimiento. Como consecuencia, ahora porta una horrorosa cicatriz en nombre de la ciencia y la educación.
A menudo se dice que las personas autistas no podemos mentir, pero en mi caso yo sí puedo mentir bajo circunstancias muy específicas, aunque a un altísimo costo emocional.
Hoy en el trabajo hice mi primera demostración al cliente canadiense de los tests automatizados que implementé. Mi empresa me “vendió” como una experta en la herramienta que es de hecho bastante nueva, pero la realidad es que aprendí a usarla solo unos días antes de comenzar el proyecto. Hasta ahora el cliente se la ha creído por completo y hasta me felicitaron por la demostración.
Estos años trabajando en tecnología he aprendido a mentir sobre mi experiencia real, aunque no ha sido nada fácil. Odio las entrevistas porque siento que en cualquier momento voy a revelar la verdad por accidente.
Cheleando con los compañeros de baile, hablábamos sobre cómo los hombres pueden lograr que las mujeres se enamoren bailando.
A mí se me ocurrió decir que yo me “enamoré” cuando uno de nuestros compañeros hizo un paso que en salsa se llama open break.
A nadie le interesó saber cómo o por qué me había “enamorado”; sólo insistían en saber de quién me había “enamorado”. Por supuesto que no lo revelé. Hasta ahora nadie lo sabe y nadie lo sabrá nunca.
Yo creía que me había “enamorado” porque el sujeto en cuestión era guapo y además yo apenas estaba aprendiendo a bailar. Tal vez ese paso nuevo había sido demasiado impactante para mí.