Mentir para sobrevivir

A menudo se dice que las personas autistas no podemos mentir, pero en mi caso yo sí puedo mentir bajo circunstancias muy específicas, aunque a un altísimo costo emocional.

Hoy en el trabajo hice mi primera demostración al cliente canadiense de los tests automatizados que implementé. Mi empresa me “vendió” como una experta en la herramienta que es de hecho bastante nueva, pero la realidad es que aprendí a usarla solo unos días antes de comenzar el proyecto. Hasta ahora el cliente se la ha creído por completo y hasta me felicitaron por la demostración.

Estos años trabajando en tecnología he aprendido a mentir sobre mi experiencia real, aunque no ha sido nada fácil. Odio las entrevistas porque siento que en cualquier momento voy a revelar la verdad por accidente.

Mentir en el trabajo demuestra que puedo mentir si lo percibo como una orden que viene de arriba y si está en juego mi supervivencia. ¡Sin trabajo no tendría dinero para comer ni para tener un lugar donde dormir!

Otro motivo por el que puedo mentir o al menos mantener parte de la verdad oculta, es cuando considero que ser honesta haría demasiado daño emocional a la persona que me escucha.

Al parecer tengo una jerarquía de principios y valores por la que guío mis acciones en la vida, y si tengo que mentir por el que creo que es el bien mayor, entonces lo haré.

Se me ocurren dos ejemplos:

El primer ejemplo es que me juré a mí misma no decirle a nadie de mi familia que soy atea, al menos mientras mi abuelita viviera, porque esa noticia la destrozaría. Llegué al punto de ir a misa con ella y comulgar, aunque yo no creyera ni me hubiera confesado en años. Hasta ahora solo mi familia nuclear lo sabe, pero sospecho que creen que sigo atrapada en un tipo de rebeldía adolescente. Los demás no lo saben aún después de que mi abuelita haya muerto, porque en realidad temo que muy probablemente me exilien.

El otro ejemplo es que cada año desde hace 13 años he tenido que pasar por la insoportable época navideña y de Reyes Magos mintiéndoles a mis sobrinos. Mi sobrino ya sabe la verdad, así que con él ya no tengo que fingir, pero mi sobrina aún es pequeña y llena de ilusiones. No quiero ser yo quien le rompa el corazón, pero es difícil controlarme. Han sido incontables las veces en que he estado a punto de decir algo que no cuadra con la mentira colectiva y me han tenido que callar. Me genera angustia imaginar el momento en que mi sobrina se entere y se dé cuenta de que yo formé parte de este engaño. ¿Cómo se puede volver a confiar después de algo así?

Otro motivo por el que puedo mentir u ocultar parte de la verdad, es cuando quiero que algo continúe siendo privado, cuando considero que es irrelevante proporcionar esa información o cuando simplemente no quiero dar explicaciones. Pero con una pregunta lo bastante directa o con suficiente insistencia, usualmente termino diciendo toda la verdad.

Tengo algunas hipótesis de por qué me es tan difícil mentir.

En primera, no tengo la memoria suficiente para recordar todos los detalles de una mentira y sus posibles ramificaciones, sobre todo cuando la mentira requiere añadir cada vez más mentiras para mantenerla. No tengo el espacio en mi cerebro para almacenar semejante complejidad.

Otra hipótesis y esto tiene más que ver con el autismo, es que me he dado cuenta que necesito mantener la coherencia interna para sentirme bien. Las mentiras crean disonancia en mi mente y tengo que volver a un estado mental estable. Es como la homeostasis pero para mis pensamientos.

Por eso me cuesta tanto emocionalmente mantener una mentira y eventualmente tengo que confesar, a pesar de las consecuencias. Esa es una de las razones por las que mis relaciones románticas fallan e incluso mi mamá me ha aconsejado: “Ya no lo digas todo. Aprende a tener secretos”. Pero no puedo. Si algo me molesta o me duele, no puedo decir que estoy bien o que no pasa nada. Si me quedo callada, se acumula mucho resentimiento dentro de mí que tarde o temprano explota.

Esa necesidad de mantener la coherencia interna es uno de los rasgos que según yo más definen el autismo, al menos en mi caso. De ahí provienen también la rigidez mental y las rutinas.

En fin, así nací y así me moriré. Los que se queden serán los indicados.

#autismo